Te veo, con tu melena negra sobre los hombros,
delicada, tanto que parece que el viento podría romperte,
sonríes, con esa manera tan tuya de dar sentido a la vida,
tus hombros son finos y sabios, acostumbrados a dormir bajo la lluvia,
cuando merecen, cuánto menos,
que ser el pequeño resquicio
que une la tierra y el cielo.
Y al subir por tu vientre, el frío es menos frío,
y la primavera parece más cerca,
como hipnotizada por los pequeños angulos,
que forman tus lunares, cuando la luna brilla,
si me coges con fuerza las manos.
Entonces callas, hermosa mía,
y tu curva de flor se encoge entre las sábanas,
para esperar la llegada de un nuevo invierno,
y esconder tus besos al viento perdido.