Cassandra - Buenas noches. ¿Quién es usted?
M.S. - Nací al atardecer, en un mes de junio del 89. El sol se marchaba por el horizonte, en sagitario. De ahí salió mi optimismo, desmedido, hasta acomodarse en intangible ilusión. La luna estaba en virgo, preciosa, reluciente, exigente, pulcra, racional. Pero irradiaba una belleza propia de los sueños. Volviendo a quién soy, le diré que puedo ofrecerle pocos datos verídicos más allá de la situación de los planetas a la hora en que yo nací, así como las energías que por ello transitan mi cuerpo y mi alma. O por lo menos eso me dice mi mente. Supongo que sencillamente no soy nadie.
Cassandra - ¿Qué significa para usted el amor?
M.S. - La ausencia de ego.
Cassandra - ¿Y el ego?
M.S. - La ausencia de amor.
Cassandra - ¿Considera a la razón como motor de la supremacía en la tierra del hombre?
M.S. - La razón es la herramienta del Diablo, que precisamente nos ha alejado de la tierra. La ocupación física y el desmedido sangrado al que la sometemos, es puro teatro de la propia razón para creerse superior y así aprobar en sus actos lo que se hace llamar moral.
Cassandra - ¿De qué manera une su doble personalidad consciente e inconsciente?
M.S. - Mediante la búsqueda continúa de la nada. Una búsqueda, que en este momento, creo que no tiene fín. Infinita, como todo lo divino, lo completo, lo genial. Quizás el arte sea mi mayor ocupación en tiempo consciente, dedicado a investiagar el inconsciente. Eso o el alcohol. O dormir.
Cassandra - ¿Quién soy yo?
M.S. - Eres la manifestación de mi ego. La búsqueda ciega del amor. El ingenio de la razón para vestirse de cordero. Eres los colores y eres mi mente. Eres todo y eres nada. Eres un personaje imaginario salido de mi cabeza que a veces habla en mi nombre. A veces ni yo me conozco. Quizás todo sea un delirio. Ojalá.