1 de marzo de 2013

Bailar como si nuestros cuerpos estuvieran a punto de acabarse. Fundir nuestras manos a la música con el aire como único testigo. El rock'n roll murió en los setenta. Nosotros le dimos sepultura. Hoy resucitamos como espectros de la luna asesina. Poe también nos habría matado y enterrado bajo cualquier salón burgués con cuadros de gente muerta. Nunca dimos la talla en eso del alcohol. Las luces transfiguran nuestros movimientos, pausados, sutiles, al borde de la quiebra. Las miradas se clavan. La música se detiene, el mundo se detiene. Sólo quedamos tú, yo y el viejo tocadiscos que lleva años sin sonar.