1 de marzo de 2013

Bendito dolor. A ti te debo lo que me mantiene vivo. Por fín me siento, y reconozco míos mis fracasos y mis manos. De tí brota la inspiración, de tu vómito hiriente, las salpicaduras de mi ego. Por fín bellas, por fín tristes. La pintura me corroe el rostro, y yo sonrío. Las palabras vuelven a juntarse en un hermoso sinsentido. La alegría debe estar por allí, caminando junto a los cipreses. Su sola presencia me alivia. Aunque no la vea, la siento en algún rincón de mi abdómen, pidiendo a gritos salir a recibir la primavera. Bendito dolor, pues sin tus puñales perforando mi carne desnutrida, no habría carne que alimentar.