9 de marzo de 2013

Llantos persas mullen mi estómago,
se revuelven entre ningún silencio,
acariciando mis extremos fatales,
sonrío al imaginar solo en mi habitación,
como acallo las calles en busca del bar abierto,
o de un corazón dispuesto a alargar la noche,
hasta los más secretos rincones de Madrid,
y de mi abandonada autocompasión,
delirante hasta alcanzar tu sonrisa,
y la locura.