Darle la mano a un hombre
es darle la mano al tiempo.
Ver sus ojos es ver tus ojos,
ver los ojos de todo hombre.
Viene, y la eterna era,
la sombra y el astro encierra.
Viene, y en su voz aúlla el río,
la grulla, el tigre y el caballo.
No creo en las formas que veo,
creo en el polvo de un largo viaje.
La sombra pesa igual que el cuerpo,
la luz se siente tanto como la carne.
Ser es silencio ancestral bajo la piel,
un permanente cambio.