11 de mayo de 2013


Detrás de mi optimismo,
se esconde la mayor de las tristezas,
y entre la comisura de mis labios,
abundan las historias de mis lágrimas,
que nunca encontraron por quién llorar.

Y a dios y a las estrellas
les ruego un suspiro fresco,
para sanar mi no-sintonía
con este mundo que se oculta
al llorar y no al matar.

Escribo a máquina lenta y vieja
las razones por las que no soy nadie,
y borro la esperanza
de encontrar cualquier final.

Si la luna escuchase este lamento,
algún abrazo, quizás, me lograse salvar,
mas la luna y sus lágrimas de cera
se derritieron en alguna primavera
que ya no quiero recordar.

La tinta y el café, mis fieles consejeras,
las envidio por ser de piedra
y no sentir la necesidad de sonreir.

A ellas y a mi piel y a mis ojos,
les pido un (paréntesis) de daño,
les pido que mutilen mis vísceras,
si con ello me logran aliviar.

Quizás alguna vez ganase alguna batalla,
mas la guerra tiene dueño y no piedad,
el alcohol es tan solo tapadera,
de mis miedos y fracasos que recordé olvidar.

Si me escuchas,
ven a mí, primavera,
y termina con este ocaso
que no me acaba de matar.