4 de junio de 2013
El Colgado
En este mundo no hay vuelta atrás,
somos prisioneros de la conciencia,
de los siglos de castigo y silencio,
de la evolución humana, a pesar
de la terquedad de los ahorcados,
no en las plazas públicas, sino en sus camas,
cuando el peso de las estrellas,
oculta tras sus sueños delirios de culpa,
porque ahorcados lo somos todos,
irresponsables con el mundo y la belleza,
al no liberar los besos de los paisajes desiertos,
por no descubrir nuestro cuerpo al contacto,
por temer más la caricia que la violencia,
porque todos somos Leopoldo María Panero,
colgados y encerrados, colmados de locura,
prisioneros de nuestra propia conciencia.
Pero al no haber marcha atrás, habrá marcha adelante,
entonces sublimaré mi cuerpo a los deseos que encuentre,
seré responsable con mis playas y bosques, y flores y perros,
entregaré el rubor de mi despertar a quién pregunte por él,
los barrotes del mundo, sus discursos de simios desorientados,
no me producen miedo ni desesperanza, la fatiga cae en compasión,
todas las palabras negativas, y los vídeos de muerte y opresión,
no son más que la base para sembrar el mundo de flores,
como intentaron los malnombrados hippies, como intentó Pessoa,
como intentó Whitman, como llevó al extremo el Marqués de Sade,
como deberá hacer en algún momento la humanidad, incesante,
entregada al ritmo de la evolucíon, de la re-evolución del amor,
y nos quitaremos la soga del cuello, tras colgar a Leopoldo María
Panero, para gritar libertad a los corazones desterrados,
que hoy por fin pueden volver a brillar.