8 de junio de 2013

Nobody's wine

La lluvia de verano me inquieta,
su aire cargado y húmedo, me resulta familiar,
debí nacer en alguna aldea abandonada,
donde siempre era verano y siempre llovía.

El cielo gris, el sonido de la tormenta,
me excita, levanta mis pasiones renqueantes,
como un ejército que olvidó el sentido de la derrota,
tras perder el sentido de luchar por nadie.

Hoy despierto, más lúcida e infantil,
más sombría y resplandeciente, abrumada,
me disuelvo en las gotas de lluvía, grandes,
como mis sueños, delirios de grandeza marchitos.

Pero nada importa, porque fuera es verano,
porque fuera llueve, porque el aire cálido y húmedo,
se desliza desde mi ombligo hasta el fin,
donde todo comienza, para volver a morir,
para volver a nacer, como las gotas de cada verano,
que dejaron atrás el recuerdo de un triste invierno,
que se marchó sin decir adios, lentamente, sin mí.

Llueve y me disuelvo con la lluvia,
la lluvia me lleva a paisajes inhóspitos,
la nube olvida el peso de la culpa, yo caigo,
y veo llover, desde mi ventana,
tomando café, abandonada, preguntándome,
cómo la gente no es lluvia,
para deslizarme desde mi ombligo,
a culaquier paisaje inundado.