10 de junio de 2013

Somos romanos,
el mundo observa al hombre más rápido,
le alaban, le rinden pleitesía y admiración,
entretiene a nuestra perezosa razón,
ametrallada en algún lugar del Vietnam o Trafalgar,
honrando a los victoriosos escribanos de la historia,
encerrando en una caja de luz y sonido,
la visión del mundo y de todo,
contra la absurda mentira, el enteretenido nada,
el espejo es transparente, oculta el infinito,
frente a nuestros ojos, allá dónde no miramos.

Y al encontrar la razón sin excusa,
allá donde empezó todo, inconsciente,
allá donde la humanidad camina ciega y torpe,
entre ambos espejos, siendo el mismo y ninguno,
allá encontré lo que mueve el mundo,
las nubes son todo polución y alivio,
en el centro de nuestro cuerpo, de nuestra tierra,
habita la razón que olvidaron los Ilustrados,
por mucho que siga patente, los Sofistas,
los Amantes, los que miran al cielo y al espejo,
los que se mojan en la lluvia y sonríen,
y se ven sin un duro y la misma esperanza,
allá donde crece el interés de la sonrisa,
dónde apuntan la mujer y el hombre, como las flores,
allí nos veo conectados y unidos,
construyendo lo anterior derribado,
convirtiendo la lluvia, en perdón,
disfrutando de no disfrutar,
y morir hermanos.