21 de julio de 2013

Tratado de la flor blanca

Cuida tu ternura para la Flor Blanca. Cuida. Y se sensible, sutil, delicado, angelical. Lo frágil quiebra, y lo que quiebra no tiene arreglo. Trata a lo frágil con mesurada fragilidad, tórnate la fragilidad en sí, haz de tu trato una danza, una posesión, un sexo demasiado blanco como para ser sexo. Olvida la muerte, el ácido, la palabra y el hierro. Cuida tu ternura para la flor blanca. Cuida. Se. Inmerso, disuelto. Puro con ella como pura su corola rubia, su cáliz de magia, su pistilo de Luna. Puro como su savia y su llanto. Cuida, y derrama tu alma por sobre la suya para calmar su sed. Se. Compasivo, santo. Dale tu sangre a su estigma. Y si tiene hambre su cuerpo, su espina, cede: Dale tu carne. Desgarrado pero impasible, firme pero delicado, colmando lo receptivo, el sol llena a la Madre: Un disparo de amor. Cuida tu ternura para la flor blanca. Cuida con misericordia, candor, con armonioso silencio. Lúcido, sigiloso, desprovisto de yo. ¿Eres tan descuidado como para perturbar la belleza? ¿Alteras el reposo del agua?  Limpia tus manos antes de tocar la inocencia. Llórate, sana. Pero no manches de sombra la flor blanca.