17 de agosto de 2013

17/08/2013

¡Hay Pezón! - exclamaron todos los efectivos del regimiento de las ocho. - ¡Al abordaje! - Salieron disparados por el túnel proyector elevado. No conocían sus destinos, esos que tantas veces habían imaginado. Y se palpaba una incertidumbre viscosa en el ambiente. Pronto los más osados cogieron ventaja, arriesgándose a ser los primeros en caer, flotaban camino arriba con el mayor impulso que puede ofrecer un volcán. Sin embargo, al chocar contra las ninfas cristalinas de protección, los primeros cayeron. Se adentraron en el templo de las cuatro puertas, abriendo camino los efectivos más generosos, sabiendo que podrían quedar muy pocos de los suyos, para cuando alcanzaran el soñado fin. Así fue, con su empático misión de abrir camino al resto del regimiento, la mayoría de los generosos cayeron. Detrás iban los más astutos, que habían permanecido bien escondidos tras sus camaradas empáticos. Pero a la hora de elegir camino, la primera avanzadilla pasó tanto tiempo preguntándose a dónde ir, que los efectivos más realistas, los que avanzaron todo el camino en posiciones más retrasadas, se dividieron y abordaron los caminos  del fin. Una vez allí, les esperaba la gran sabiduría,  la gran rosada flor, que rechazó los ataques de los que no quería, esperando a un valiente osado, o un empático sensible, un enloquecido astuto, o un realista seguro.  Finalmente, en la forma de uno, decidió elegirlos a todos, que observaron atentos, como lo que creían el fin, no era más que un comienzo.