13 de septiembre de 2013

Cuentan los viejos del pueblo
que vivió entre ellos un sabio.

El hombre tenía un gran espíritu,
y por la lucidez de su pensamiento
los necios le apresaron para castigarle.

Dado que solía meditar caminando
decidieron éstos cortarle los dos pies.

Le tumbaron en la plaza del pueblo,
y el verdugo acometió lo que se le impuso.

Ante el asombro de las gentes allí reunidas,
el viejo estalló en una carcajada plena de gozo.

Sus pies y su sangre yacían en el suelo
y el jubiloso viejo no dejaba de agradecer.

- Te he cortado los dos pies y das las gracias.
¿Qué agradeces viejo?- Preguntó el verdugo.

-Puede que no tenga pies, amigo,
pero todavía puedo ver la belleza del cielo.
Y por eso doy gracias- Contestó tumbado el viejo.

Entonces un cobarde poderoso dio una señal,
y el verdugo le cortó la cabeza.

Cuentan los viejos del pueblo
que entre ellos vivió un sabio,
y que al cortarle la cabeza
éste continuó riendo.