Cuando yo parta, no me extrañes,
pues he llegado ya hace tiempo.
Cuando yazca mi cuerpo muerto,
no llores, mi querido amigo,
levanta la mano al sol. ¡Salúdame!
Pues es ilusión todo cuanto perece.
Y si me conociste de verdad, -Fui puro-,
sabrás que mi yo verdadero no duerme.
Sabrás que soy la estrella matutina,
el aullar de mil vientos.
No me extrañes, y saluda al ave nocturna,
a la mar, a las flores que ya brotan,
y sonríete, pues yacerá mi cuerpo,
pero lo que Yo Soy nunca
estará muerto.