13 de septiembre de 2013

Muerte y vida de mi ego


Me di cuenta de que había estado sumido en una profunda depresión mucho tiempo después de recuperarme de ella. Como cuando voy conduciendo y veo un banco de niebla unos metros por delante de mí y sigo avanzando y al rato me doy cuenta de que puedo ver con claridad de nuevo, y me pregunto qué habrá sido de ese aire espeso hasta que, al salir y mirar por el retrovisor, lo descubro a mis espaldas. Pues yo me descubrí a mí mismo habiendo sido víctima de un simple trastorno del estado de ánimo. Había sido una persona entre millones con cuadro depresivo.
Volviendo la vista atrás, y recordando todos esos pensamientos espesos que me habían poseído durante tantos años, me di cuenta de que todo tenía que ver con lo que se enunciaba en las listas de síntomas propios de un transtorno semejante. Y de repente empecé a entender que la ciencia pesaba más, y que había más cabezas pensantes además de la mía. Y eso fue lo más doloroso de todo. Pensar en alguien parecido a mí, y decirle en voz alta para aclararme yo: «Tú y yo somos inteligentes, ¿por qué no iban a serlo los demás?»Y esqu﷽﷽﷽﷽ serlo los dem, ¿o: ´t Y es que es tan penoso ser consciente de que estoy escribiendo que no puedo sino pasarlo por alto poniendo un punto y final.