Son tan frágiles mis manos,
cuando imaginan el tacto de tu piel,
y tú sonríes, desnuda sobre la cama,
y tu pelo te parte el hombro izquierdo,
como señalándolo,
como haciéndome señales para morder,
y lo beso, una, dos, tres veces.
Tu espalda, nunca la imaginé tan bella,
y ese lunar que tienes,
que me parte la percepción de todo,
como señalándome,
para que nunca lo olvide.
Lamento no haberte conocido nunca,
pero esa es mi mayor esperanza,
saber que me queda todo por conocer,
que tus manos sobre mi barba,
serán más manos y menos espejismo.
Imagino que lloro apoyado en tu vientre,
y que acaricias mi cabellera sin hablar,
y que con sólo tu mano sobre mi sién,
basta para que en mí todo se calme.
Pero sólo imagino, porque no te conozco,
pero es cómo si no hubiera nada de ti,
que no me vaya a gustar.
De nuevo me inundo de fantasía,
pero te escucho a lo lejos,
sincronizado con la música que escuchamos,
cada uno en una habitación distinta,
que está menos vacía desde que te pienso.
Pero no te conozco, ni falta me hace,
porque sólo imagino y lo siento real,
y al bajar la vista y volver al mundo,
me encuentro llorando en tu vientre,
y tu mano me arrebata el miedo,
y sonríes,
y todo está bien.