15 de septiembre de 2013

Vida y muerte del viejo Walt

Como membrillo sentado frente al pasto,
el viejo árbol florece de oro dulce,
tres pequeños conejos cruzan frente a mí,
les saludo y sonrío,
muerdo el fruto con ambas manos,
sin perderlo de vista,
los tres pequeños se pierden,
la montaña, a lo lejos,
prevalece en la neblina y reina la meseta,
el viejo sur, el sur olvidado,
hallo descanso entre espigas de sol.

El tren de las ocho, siempre puntual,
rumbo mississippi, a los campos de algodón,
el viejo walt bajó del monte invierno,
toca su armónica sin más prisa que el tiempo,
la vieja cabaña, el viejo río, el viejo walt.

Un café en envoltorio de madera fina,
los segundos, tic tac, tic tac, tic tac,
del ámbar al verde, el camino abre,
los carros chirrían su humo negro,
respiro, o abro la boca y dejo entrar,
el café cae con intención,
tic tac, tic tac, tic tac,
el reloj marca puntual las ocho,
la gente camina bajo la sombra de las torres,
de madera podrida hasta gris metal,
ventanas cuadriculadas y caminos paralelos,
el viejo barbudo, el viejo walt,
sentado de piernas cruzadas y mirada caída,
sujeta un cartel de madera fina:

"POR FAVOR, TENGO HAMBRE"

Olvidó la poesía, la armónica y su banjo,
perdió de vista la monárquica montaña,
los pastos dieron paso a caliente asfalto,
los paisajes del tren se sumergieron,
los frutos del árbol no encontraron árbol
del que nacer.

Tic tac, tic tac, tic tac,
el viejo walt perdió la hora,
perdió la tierra,
perdió la vieja cabaña,
y el dulce membrillo,
suerte que su blanca barba,
encontró remojo, entre heces y ratas,
en las alcantarillas de la gloriosa ciudad,
tic tac, tic tac.