22 de octubre de 2013

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Quédeme ciego
al marchitarse la estrella
cada vez que me marcho, y me dejas.

Pues la ley sabe que nací para la luz
y la luz sabe que llega la noche
si ni me tocas ni me besas.

¡Ay, cuando parto! Y el dolor grande
cuando se forja una tiniebla
de cuanto era carne.

¡Ay, y la esperanza que brota y crece
mas la desolación que rota florece 
cuando es tarde y partes!

Quédeme ciego
al marchitarse la estrella
cada vez que me marcho, y me dejas...

Y en el negro más violeta de las noches,
como el candil, como la luna muerta,
como el navío te despides y te alejas.

De tu mano y de la mía que se separan
ahora, como tañida por hechicería,
nace una invisible cadena.