21 de diciembre de 2013

Ahí camina mi sueño,
frente a mis ojos,
disponible al cuerpo,
común a todos,
en el silencio infinito.

Porque no es tu cara,
sino la nuestra,
no es el color de tu piel,
sino nuestro color del alma;
no es el juicio válido,
en ningún uso de la palabra,
si no es con uno mismo,
con uno empieza el perdón,
con todos la empatía.

Pues uno somos,
sin distinción mortal,
más allá de este cuerpo;
y en el sueño de hoy, o de ahora,
frente a mis ojos,
que son los vuestros,
os amo
hermanos,
en el olimpo del horizonte,
dónde los sueños
son soñados.