1 de diciembre de 2013

Desaciertos

Tiembla, tiembla
furioso enemigo,
de carne helada

Mi mandíbula se aferra a la aurora
al teatro de rostros sin vida
con ojos de anunciada muerte

Muere y huye a la eternidad
devastada de algodón y almanique,
en un refugio sin tiempo

Estalla el léxico de mi alma
en los estallidos de descanso y sábana
que rebosan de mercurio

Ya que a Dios o a cualquier enemigo
no le basta con el frío invernal
para arrebatar a los ojos su ausencia

Oh mi enemigo
deténme entre la espesa niebla
que permite mi paso sin invasión

Y que al azul del cielo
o de alguna ciudad inerte
le susurren algo dulce sin ánimo de lucro

Que tiemble el propio susurro
y la luna disuelta
y la emoción en alfiler

Ya es hora del hijo bastardo
el mayor fruto del mundo enfermo
vestido de arlequín y arrodillado

Los uniformados caminan en sus uniformes
despenalizados de pensamiento
o de una mirada sensible a la lluvia

Y la caja sigue sonando palabras
excesivamente informantes
entre luz sin sentimientos

Y por fin cae el tedio
como anestesia
para mis ojos cansados.