Tiembla, tiembla
furioso enemigo,
de carne helada
Mi mandíbula se aferra a la aurora
al teatro de rostros sin vida
con ojos de anunciada muerte
Muere y huye a la eternidad
devastada de algodón y almanique,
en un refugio sin tiempo
Estalla el léxico de mi alma
en los estallidos de descanso y sábana
que rebosan de mercurio
Ya que a Dios o a cualquier enemigo
no le basta con el frío invernal
para arrebatar a los ojos su ausencia
Oh mi enemigo
deténme entre la espesa niebla
que permite mi paso sin invasión
Y que al azul del cielo
o de alguna ciudad inerte
le susurren algo dulce sin ánimo de lucro
Que tiemble el propio susurro
y la luna disuelta
y la emoción en alfiler
Ya es hora del hijo bastardo
el mayor fruto del mundo enfermo
vestido de arlequín y arrodillado
Los uniformados caminan en sus uniformes
despenalizados de pensamiento
o de una mirada sensible a la lluvia
Y la caja sigue sonando palabras
excesivamente informantes
entre luz sin sentimientos
Y por fin cae el tedio
como anestesia
para mis ojos cansados.