22 de febrero de 2014

SOBRE LA INCAPACIDAD DE SER LIBERTINO Y ROMÁNTICO.


Entre ser un libertino y ser un romántico, elijo lo último. He de decir que lo hago en absoluto desacuerdo con mi voluntad intelectual. No obstante, mi verdadera voluntad, la emocional o intuitiva, nunca ha dudado. No concibo idea de mujer, ni la más carnal y efímera, sin que exista en ella un momento de tristeza, una intimidad compartida. Es necesario, en mi caso en extinción, que la palabra y los ojos vayan de la mano. Que ambos reluzcan y se muestren frágiles, para que al ser entregados, siempre exista el miedo a romperse del todo. Pero nunca solos. En cambio, si fuera un libertino, quizás me saciara encontrarme con múltiples agujeros, que en un rápido entrar y salir me devolvieran la calma y la belleza que ansío. Mas su superficial apego, el de los libertinos, pese a ser admirado por mí desde que tengo consciencia de su existencia, me resulta inhumano, como las nuevas tecnologías, métodos y costumbres que abundan en este nuevo siglo. Honestamente, prefiero el sufrimiento y la indiferencia, al simple uso materialista del cuerpo humano. O quizás no, quizás no solo el intelecto, sino también la emoción me engañen. En ese caso, que me entregue yo al amor cuando el amor me lo pida, y al exceso cuando éste me lo demande. Pero que no me dejen vagar más entre ambos, o me temo, no quedará nadie con la capacidad de elegir dentro de este cuerpo, que me resulta inútil y absurdo, a la par que bello y sorprendentemente único.

22-02-2014