18 de febrero de 2014

Ruego

Solo tengo un sueño, un deseo, un destino, y un sentido: Ser un hombre de corazón.
Que ni el orgullo, ni la inteligencia, ni la ilusión de mis sentidos eclipsen la luz más alta.
Sea yo, desnudo y vacío, un canal para la manifestación del Amor verdadero y creador.
Sea mi ambición la de ser un buen hombre, mi trabajo la compasión, mi vida, la vida en sí.
Brille espíritu en cada gesto, vibre comprensión en cada palabra, llore la estrella a través.
En un ojo, la luna, en otro, el sol, y entre los dos la unión eterna del nacimiento y la muerte.

Solo tengo un dolor, una culpa, una herida, una carga: El dolor que causo a los demás.
Que ninguna sensibilidad o ilusión ajena se lastime por mi falta de prudencia y conciencia.
Sea yo, silencioso testigo, cuidadoso semillero de belleza, inocencia, dulzura y fragilidad.
Sea mi presencia tierna, como lo que nace, clara, como lo que espera a ser perturbado.
Mártir del renacimiento, poeta de la eternidad, Nadie con nombre, músico del silencio infinito.
En una mano, la paz, en otra, la piedad, y entre las dos una columna hacia la blanca aurora.

Solo tengo un anhelo, una ilusión, una esperanza y una meta: Que el Yo deje de ser Yo.
Que ni el miedo, ni la incomprensión, ni la ceguera confundan la liberación de la muerte.
Sea yo, despojado de vanidad, un no ser en ningún lugar. Sea yo todo en todas las partes.
Sea mi máscara arrebatada, mis vestiduras rasgadas, mi cuerpo disuelto, mi luz desintegrada.
Muera mi alma en la Madre, Muera mi conciencia en el Padre, Muera mi ser en el Ser.
En un pie, un mundo, en otro pie, el otro mundo, y entre los dos una fuerza que oscila.