5 de marzo de 2014

DIÁLOGO CON STEINBERG

Creo que empezaré a saludar a la gente con la mano izquierda. Probablemente muchos me tomen por imbécil, ante cuyo asombro responderé con una simple explicación: "La mano derecha es con la que se da la mano para entregar, la mano izquierda es la que debe darse para recibir". Entonces algunos fascistas, como los que yo quise emular en mi turbulenta adolescencia, me llamarán afeminado por entregar la mano siniestra con la palma al cielo y el ofrecimiento de mi carne y su tacto. Les diré que sí, que varias etapas después de creerme parte de un rebaño como señal de identidad propia, reconocí el alma dual que habita en mi cuerpo de hombre. Y les diré también que empiecen a saludar con la mano izquierda, no sólo a ellos, especialmente a ellos no; sino al resto de habitantes que me rodean en mi ciudad, o en mis informativos, y que ponen más consciencia en lo que dan que en lo que reciben. Y entre ellos también me incluyo a mí mismo, dos segundos después de terminar este breve delirio, cuando vuelva al vicio más antiguo, que no es irse de prostitutas, sino distraerse con cosas absurdas.