3 de marzo de 2014

Temo mucho todo lo que desconozco. Supongo que miedo e ignorancia sólo cambian de letras. Cada vez que mi mente vuela a algún lugar en el pasado o el futuro sólo puedo sufrir. Supongo que la vida es sufrimiento. Diría lo contrario, alegando que es en el presente donde me encuentro en paz. Pero mentiría si así lo hiciera, pues el presente me resulta vacío y arrebatador. Quizás sea el poder de esta máquina desde la que escribo, que favorece al viento que me aleja del todo. Dicen que ahora estamos más conectados con esos programas de vida compartida. ¿Pero dónde quedaron el tacto y el olfato con todo eso? Fueron olvidados, como me olvidé yo del mundo desde el interior de esta ventana conectada a la red eléctrica.  Ojalá pudiera salir y abrazaros a todos, os besaría sin distinción de edad o sexo. Olería vuestro perfume único y descubriría en el tacto de vuestra piel lo que significa ser humano. Pero me temo que os desconozco y por ello me temo. Esto no es más que otro cuerpo donde depositar nuestro alma común, sólo que sin la belleza de la curva o el silencio de frente. Sólo notificaciones y fotografías sin ningún mensaje. Y yo me aburro, en mi interminable presente, donde la vida me consume sin que aparentemente pase nada.


03-03-2014