Sobre la mariposa hay una piedra
que impide su volar.
Aún ella pequeña y la piedra grande,
aletea y aletea
en balde, a pesar de su pesar.
Sangre nace de sus alas de cobre,
pronto se secará.
Y de las heridas que ya están secas
a causa de la piedra,
sangre ya ida de nuevo brotará.
Duele el sonido de su agonía,
zumban las alas presas.
¿Conocieron semejante condena?
Otorgar unas alas
y una vida a quien no podrá volar.
También en los corazones hay piedras
que vienen a pesar.
También en las almas humanas hay alas
que al alba se quiebran.
Me dieron amor; nunca pude amar.