Un amigo es una sombra que se va marchando, como un amor,
a los senderos azabaches del olvido, dictados por el señor; por su dedo frío.
He tenido en esta vida tantos amigos como noches, apenas queda ya alguno.
De los que tengo, ¿Qué quedará de ellos? Un amigo es un amargo espejismo.
En mis ciclos, todo cuanto ha puesto una estrella en mí, todo cuanto he querido,
es condenado a disolverse como el limo en el agua de los imperdonables ríos.
Un amor es un amigo, y un amigo es un amor. Son los pálidos dados de la suerte
caracoleando sin tregua para que a la nada los arrojen las manos de la muerte.
¿Y aunque queden para siempre? Ni nosotros quedamos. En él, en mí, permanece
solo cuanto va cambiando. Un amigo es el Yo que en el Otro camuflamos.
Un amigo es otro rostro sonriente entre la estrepitosa mascarada del circo,
otro ilusorio alivio: Su voz consoladora es un misterio hecho de espanto y abismo.
Nos engañamos: Nos juntamos para no estar solos, y solos acabamos danzando,
chocando con los reflejos que, para mentirnos, lanzan nuestros espejos y sus laberintos.
¿Acaso los otros han existido? ¿O soy yo siempre la sombra que de mi lado se ha ido?
Hablo de mi cuando hablo de la vida, sin luz. Hablo de mi cuando hablo de un amigo.