I
Tañendo de dolor en el nocturno
anuncia la flauta pipiritaña
que hoy la luna es la escúalida guadaña
con la que sega los tiempos Saturno.
Vaga por las esferas, taciturno,
a ver a quién consume; a quién daña.
De pesares se forja la maraña
de sombras combatientes del diurno.
Son el reloj y la melancolía
instrumentos para la perfección
de su desgarradora alfarería.
Mas hay luz en su negra expiación.
Aunque al ego le anegue de agonía
hay un milagro en su laceración.
II
Del deseo ansiado, ya realizado,
nace para ansiar de nuevo un vacío.
La vida oscila entre la sed y el hastío
y no frena su péndulo desquiciado.
Poco dura cuanto nos ha colmado.
Sin descanso nos arrastra el navío
por el abismo interminable y frío
que nos conlleva el haber deseado.
Tal como llenar el espacio de aires,
barrer sin fin la arena del desierto,
colmar de agua el tonel de las Danaides,
como la peor pena del Averno
es el deseo la quimera insaciable
que torna la vida en un duelo eterno.
III.
¡Hay en el mar y en sus ruidosas olas
un estruendo de tambores y tubas!
¡Por el mar rompen histéricas violas!
¡Tatatachán es el agua y su espuma!
¡Una coral de corales desola
el silencio de la brisa nocturna!
¡Brama y grita la enorme caracola!
¡Poropopom es el agua y su espuma!
¡Entre una sonoridad espantosa
animada por retumbantes truenos
se encuentra una tranquilidad hermosa!
¡En las ondas del mar y sus espejos
reflejos de la luz estrepitosa
dan la armonía del mar y los cielos!
IV.
La sangre del puñal de mi memoria
a mi boca baja de tanto en cuando,
desde mi recuerdo baja amargando
el sabor de esta vida delusoria.
Y brota desde mi herida sensoria
la sangre negra como el negro llanto
que nace de haberme quedado falto
del amor mejor que hubiera en mi historia.
Oh Alejandra...Me clavas la tristeza
cuando aparece tu vivo fantasma
como una Luna muerta en mi cabeza.
Aun tu carne yerta, convive tu alma
en mi alma con tanta vida y certeza
que ya no se si eres sombra o Alejandra.