20 de septiembre de 2015

Sonetos nocturnos

V

Desde la primera Era que existo
y existo de innumerables maneras
mas aun mis multiformes andaderas
desde siempre permanecí el mismo.

Ya sea movimiento, ya quietismo,
lo que soy no tolera de ataderas,
no intenten coger con entendederas
lo que soy; mi ser no puede ser visto.

Infinito voy aunque tenga un fin,
tanto la vida como la postrera,
soy las dos medidas del balancín.

Soy de los humanos dicha y tristeza,
soy el misterio que reside en ti,
soy el flujo de la naturaleza.

VI

Insomne y con el aura ensombrecida
despunta el alba y tristemente fumo
y en las nocturnas volutas del humo
se desdibuja el alma entristecida.

Triste, triste, triste ha sido mi vida
que brilla como un lucero en el bruno
y como lucero que soy me esfumo
cuando amenazan las sombras del día.

Se va la luna y muere mi jornada
de patética poesía y reproche
por no poder vivir en la alborada.

Fenece mi canto al fenecer la noche.
-Mi corazón marcha en una bandada
de sueños a la luz abovedada-.

VII

Nadie sabe de la pena del roble
cuando otoñea su carne a desierto
tornando el vivo verde en oro yerto,
pues su grito acalla con porte noble.

Va en la lluvia de sus hojas aladas
el daño que el escorpión de noviembre
ocasiona para que el tiempo siembre
entre la arena las muertes rosadas.

Y aunque la vida le quiebra y mutila
guarda majestuosa resignación
con paz y melancolía tranquila.

El proceso de la transmutación
en las partes de su alma que jubila
da al roble un llanto falto de canción.