28 de octubre de 2015

Del negro y moribundo pedregal
nacen, de a cientos, flores amarillas,
que con el viento nos vienen a perfumar.
Se ha derretido la nieve,
y se asoma la verde y extensa pradera,
y los niños entre risas salen de sus casas.
¡Abrígate, abrígate! Le dice a una pequeña
su madre con amor en la manera de hablar,
un ruiseñor se regocija en su canto.
Las nubes también se han ido,
y en un lado se ve el sol, y en otro media luna,
y siento como la melancolía se esfuma.
¡Abrígate, abrígate! Resuena en mi corazón,
descanso sentado observando en soledad
y vivo en una inconmensurable dicha.