No he de olvidar nunca
que todo cuanto me amó
a lo largo de mi existencia
hace digna mi vida
e invalida el sufrimiento.
Que aquellos que yo tuve,
que me tuvieron consigo
disfrutando, tal vez
de un beso, de una palabra,
de un abrazo en comunión,
de un silencio o un rato de música,
tal vez de un enfado o de un llanto
o simplemente de una comida,
son las almas eternas
que eternizan mi sonrisa.
Que mi familia, mis amigos,
mis amores, la amante naturaleza
que me ha cuidado y sostenido
son la gloria de mi destino
y mi felicidad eterna.
Que la mente es un alarido horrible
que eclipsa la belleza de la música
de que estoy aquí, ahora,
y tengo toda la gracia en mis manos.
Hoy me veo amado, y amando canto,
y grabo este momento en mi corazón
como la lluvia graba su recuerdo
sobre la hermosa piedra.
He llorado y han llorado conmigo
y por ello me siento tan grato
que podría romperse mi cuerpo
en una bandada de aves
hacia el corazón del sol.
Perdón por no haber sido justo.
¿Veis vuestros rostros?
Están tatuados,
como el rostro del agua,
en mi negra piedra.