No te conozcas a ti mismo.
Olvídate.
Renuncia a conocer.
Vive como el niño.
Ignora las palabras de los hombres,
reniega las enseñanzas de los sabios,
abdica de cualquier escuela o dogma,
y regocíjate en la belleza del mundo.
Se inocente,
como el nacimiento de la primavera.
Puro, santo, ingenuo,
como el canto de la luz en el río.
Frágil y tierno
como el tallo que acaba de brotar.
Así serás uno contigo y lo natural.
Le pusieron una definición a las Estrellas,
yo mire al cielo respirando con leve paz,
y cuando su luz penetró en mi corazón,
y mis ojos centellearon por el Milagro,
vislumbré la infinita ignorancia
de aquel que quiere conocer.