¡Oh, Malvadastrella!
Ténebra hija de niebla
descendiste en silencio
y cerraste mis párpados
con dedos de luz negra.
¡Tú, Malvadastrella!
¡Tú! Encendiste la vela...
Malanciana, bruja seca,
me acariciaste la frente;
conjuraste mi condena.
A mi alma llego la fiebre...
Palidecí de enfermental,
quedé callada de pena.
Vi vivir tras el cristal:
No hay ya quien
me quiera.
¡Malvadastrella!
Tus látigos de sombra
han tornado en cólera.
Y tu mirada de sangre,
(la silente doradastela)
suplica por mis venas.
La lluvia ha tomado carne,
el agua de almas muertas.
La miel de perlacalavera
rebosa por mis cuencas.
¿Lo ves Madre?
Ahora mis ojos
son tinieblas.