Para comenzar: pollazo en el paladar.
Si mis dedos fueran plumas,
y mi corazón tintero,
me correría en esa bocaza
tras un falso "te quiero".
Sigamos pues: ¿por el ojete tal vez?
Si yo fuera piloto,
te llevaría en mi avión,
pero... ¡Sorpresa! no lo soy,
vas a tener que bajar al pilón.
Vamos concluyendo: de guarradas trata el cuento.
Naranjas, naranjas,
limones, limones,
¡qué buena combinación
hacen tu lengua y mis cojones!
En resumidas cuentas: tetas suculentas.