24 de diciembre de 2012

mímulus


Bajen los ojos al suelo, y no por timidez,
sino por desprecio absoluto a cuanto tienen delante.

A la hora de dar, no den. A la de recibir, reciban.
Busquen para esta vida tan solo satisfacer su necesidad.

Háganse repudiar. Sean groseros con los hombres,
desafíenles, metan el dedo en la carne de sus miedos.

Busquen la enfermedad. Siempre está bien para ser solos.
Hagan que las miradas de los demás lastimen su paso.

Cuando se rodeen de ellos, finjan, rebájense a su lugar,
dejen ser encasillados, reciban gratamente sus vulgaridades.

Pero mantengan silencio, como los que no están allí,
como los hombres que nacieron para nunca haber vivido.

Y entonces ellos se asustarán, y les apartarán,
y les colocarán el dedo en el cuello incómodamente.

Después cuando estén en sus cuartos/cárceles desterrados,
suéñense Heroes destinados a iluminar la putrefacción.

Y en sus conciencias implosionará la margarita de oro,
pero en su sangre hervirá el mal que suplica venganza.

Y con esa sangre ustedes esparcirán púrpuras de luz,
telarañas de resentimiento que abocan a la humanidad.

Entonces quién sabe si las pupilas se abrirán como la noche
para recibir la llegada del canto final.