26 de diciembre de 2012

Mi testamento

Qué cansancio acorchado de lengua: este lenguaje perezoso tan mío, escrito siempre me sabe a poco.

- ¿Dónde está el cuadro abstracto
que pintan mis ojos ante el paisaje 
de lo ridículo y humano?

- En el absurdo que me llena de fuerza,
en la impresión plástica de que mis retinas
transforman en lenguaje todo lo que huelo.

Exigente, mi sol en casa 3, me provoca vibrando con la palabra de ese poeta que siempre lleva sal en la boca.
Me tortura esta visión apocalíptica del verso, que en un sinsentido parcial me hace imaginar que si no me quedaran más días al Dios de la Literatura le rogaría:

Traeme a Holden Caulfield envuelto
en el eterno beso a "Lo fatal" de Rubén Darío,
ligero de equipaje como Antonio,
abrazado a la "Libertad" de la admiración infinita,
temblando en una desesperación sartriana
como haría la Señorita Else;
que quiero follarme a Quevedo
y a Jorge Guillén y a Echenique:
entero les cedo el hueco que te guardé
en lo que quedó de mi generoso y discreto Edén.