29 de enero de 2013

En el momento del amor, llegará la gloria, la paz entre humanos, cuando más tarde que temprano miremos hacia el interior y veamos de que luz estamos hechos, atravesando los miedos de quienes somos para aceptar los miedos de los demás como propios, la tierra volverá a ser bella, se acabarán los humos y las guerras, el hambre será otro doloroso recuerdo del pasado y el ser humano dejará, por fin, de buscar la luz.

La melodía se apaga, intermitente, entre las ondas cerebrales, hablando en compases binarios de complejidad encriptada, razonada, explicada, aprendida y olvidada, en el eco de mi interior vacío bajo la córtex cerebral. arrinconada hacia la nada, para que aprenda lo sensato del momento más que del ayer o del mañana, los colores de la vida, la luz que todo lo crea, visible, invisible, o de ningún color.

Paisajes de colores, verdaderos paraísos artificiales, con cascadas de  agua púrpura, los árboles más grandes verdes que jamás haya visto ¡bailando! realmente bailando, como siguiendo una melodía arrastrada por el viento, también pintado con la alegría de la inocencia, anestesiada, disuelta en la nada, tremendamente feliz y risueña al degustar con su fino tacto el abismal derroche de luz , que protege el mundo como la madre al hijo, dándole calor y pecho, agarrado al pezón incluso visitiendo barba, buscando siempre el abrazo que me proteja, bajo este paisaje de colores, mi pequeño paraíso artificial.