Cuando la vieja pasó por el cementerio
se santiguó,
y en sus ojos avivaron todos los muertos.
Miró al cielo,
susurró unas palabras de locura,
y sonó en el espacio la primera campanada.
Prosiguió su camino y se mezclo con la calle,
como una sombra que a la sombra va a juntarse,
como una bestia enferma y santa.
Yo quedé afectado, pensativo,
intentando racionalizar el sentimiento,
pero se me escapó como la vieja escapó al azar.
De mi observación, de mi sentimiento,
del tiempo que la dediqué a la vieja ella nada supo.
Yo tampoco supe nada de esto, ni de la vieja...
Supe tan solo que la figura pasó a mis ojos,
y con ella pasó el misterio.