22 de abril de 2013

Siento, a veces,
deslices del tiempo,
como si este se hubiera olvidado,
como si de pronto no supiese rodar.
Y en ese asombroso sentimiento, 
curiosamente eterno y fugaz,
veo. Veo por dentro,
veo la vida parar.
Suele pasar
que en ese momento
en el que encuentro la infinidad,
soy sacudido por rostros ajenos,
almas que que nacen, florecen
en mí como pensamientos.
Estos ascienden,
despiertan recuerdos,
recuerdos que no se poseen,
vivencias, estados superpuestos
presencias que van, que vienen,
hombres vivos como muertos.
Y no, no lo es,
no es estar viviendo,
es mezclar memoria y sueño,
es tornar la rosa en pañuelo,
en niña fría, muerta,
en blanco velo.

Golpes de todo
en mi cerebro.

Como oleadas de vida,
concentración de historia,
alucinaciones de dimensiones,
horizontes de ciclos en ciclos
circos comicotrágicos sin fin 
de eras, de sombras, ojos, 
mitos, vacías cuencas...

¡Golpes de todo en mi cerebro!

Montado en mi médula
dragón de luz
hilo desatado del tiempo.

No se si viene de fuera o de dentro.
No se si el mundo ha muerto,
o si soy yo,
que ya no estoy,
y me vive todo lo que se está viviendo.