SOBRE LA EXISTENCIA
Todo cuanto existe oscila entre dos opuestos complementarios. En cada uno de estos polos opuestos nada puede existir, pues se necesitan mutuamente para crear vida. Conocemos la existencia porque conocemos la vida de forma consciente, la no vida, o muerte, nos es inexplicable debido a nuestra racionalización constante. Pues los seres humanos pensamos, hablamos, comemos, nos relacionamos. Todo ello de forma consciente. Pero también somos capaces de observar el fin de la vida física ajena, además de dormir y soñar. Es ahí donde podemos conocer la muerte, o no existencia, a través de llevar el inconsciente colectivo al consciente individual. En el inconsciente se nos permite adoptar cualquier forma, o no forma, pudiendo así llegar a los polos opuestos complementarios: la nada y el todo. La forma nos limita, pero al limitarnos nos da vida como fruto único de la creación.
Todo cuanto existe oscila entre dos opuestos complementarios. En cada uno de estos polos opuestos nada puede existir, pues se necesitan mutuamente para crear vida. Conocemos la existencia porque conocemos la vida de forma consciente, la no vida, o muerte, nos es inexplicable debido a nuestra racionalización constante. Pues los seres humanos pensamos, hablamos, comemos, nos relacionamos. Todo ello de forma consciente. Pero también somos capaces de observar el fin de la vida física ajena, además de dormir y soñar. Es ahí donde podemos conocer la muerte, o no existencia, a través de llevar el inconsciente colectivo al consciente individual. En el inconsciente se nos permite adoptar cualquier forma, o no forma, pudiendo así llegar a los polos opuestos complementarios: la nada y el todo. La forma nos limita, pero al limitarnos nos da vida como fruto único de la creación.
Todo cuanto existe tiene forma. El aire, el agua, la tierra y el fuego son los elementos de la existencia que en todo residen. Todo cuanto existe son partículas. La unión de estas partículas da lugar a la vida, mediante la forma de insectos, plantas, personas, planetas, estrellas, universos.
El inconsciente sólo existe a través de la forma, los sueños materializados en el cerebro humano, las almas de las personas y de todo, a través de los materiales en constante mutación. La unión de dos células opuestas y complementarias (masculino y femenino) dan lugar a una transmutación de los elementos que crea vida en forma de ser vivo. La muerte física de ese ser vivo devuelve el cuerpo a la tierra de donde salió. Su estado metafísico o alma, muta libremente a través de la materia. Nunca nada termina, sólo cambia.
Vivir consiste en cobrar forma. El
acto de vida es un acto de consciencia. Cuando la forma muta a través de la
muerte, da lugar a una nueva forma. Nada se crea ni se destruye, tan solo
cambia.
El consciente es la creación de vida. La vida nace del fuego, cobra forma en la tierra, renace en el agua y vuelve a cobrar forma en el aire, así hasta volver a ser fuego en un ciclo sin fín. El lugar espacio/temporal que ocupamos en dicho ciclo, consiste en un acto de creación, no de destrucción. Como tal, la existencia, la unión del todo y de la nada, experimenta creando formas cada vez más complejas y sutiles. El “objetivo” es alcanzar la unión con el todo, para dar paso a la destrucción hacia la nada, en un nuevo ciclo sin fín.
En este proceso de creación la existencia no cesa de experimentar. El ser humano es fruto de ese experimento hacia la perfección, siendo el ser vivo más desarrollado sobre la tierra. No obstante, estamos hechos de los mismos elementos que dieron lugar a la creación del todo, de los árboles y los ríos, los peces y las aves, las piedras y las nubes.
El consciente es la creación de vida. La vida nace del fuego, cobra forma en la tierra, renace en el agua y vuelve a cobrar forma en el aire, así hasta volver a ser fuego en un ciclo sin fín. El lugar espacio/temporal que ocupamos en dicho ciclo, consiste en un acto de creación, no de destrucción. Como tal, la existencia, la unión del todo y de la nada, experimenta creando formas cada vez más complejas y sutiles. El “objetivo” es alcanzar la unión con el todo, para dar paso a la destrucción hacia la nada, en un nuevo ciclo sin fín.
En este proceso de creación la existencia no cesa de experimentar. El ser humano es fruto de ese experimento hacia la perfección, siendo el ser vivo más desarrollado sobre la tierra. No obstante, estamos hechos de los mismos elementos que dieron lugar a la creación del todo, de los árboles y los ríos, los peces y las aves, las piedras y las nubes.
Todo ser vivo, desde la célula más pequeña hasta la estrella más grande, se encuentra interconectado entre sí. El mecanismo por el cual nos conectamos es la energía (inconsciente), a través de la forma (consciente). Toda cuanto existe forma una infinita red de conexiones energéticas. Nuestro cerebro está formado por esa incesante red a través de las neuronas, por las cuales recibimos y procesamos la energía que nos llega desde todas partes del universo, desde una estrella o un planeta, hasta el contacto físico o cualquier otra manifestación de los sentidos.
A través de nuestro sistema nervioso, recibimos e
interpretamos la energía que nos rodea, igual que hace un árbol con sus hojas y
raíces. A lo que percibimos lo llamamos sentidos. De momento, nuestra mente
racional sólo es capaz de interpretar las sensaciones conscientes, pero nuestro
cerebro hiperdesarrollado nos permite también captar el inconsciente, la no
forma.
Nuestro ego es la razón por la que vivimos, es lo que nos hace cobrar forma. Eso nos permite poseer un cuerpo y ser conscientes de nuestra propia existencia. No obstante, existe un yo colectivo, o amor, que de manera inconsciente nos conecta con todas las demás personas y seres animados o inanimados que forman parte de nuestro “Yo”. Ese yo colectivo habita en todos nosotros y es lo que nos hace interactuar con el entorno a través de nuestro yo individual.
Todas las energías del universo se interconectan a
través de las galaxias. Las energías de las galaxias se interconectan a través
de las estrellas. El sol, en la vía láctea, recoge todas las energías existentes
y nos las envía directamente a nuestro ser en el momento de cobrar forma,
cuando nacemos. Es por ello que los seres humanos nos dividimos en arquetipos
que varían según la ubicación del sol respecto a las estrellas o constelaciones
(Signos del Zodíaco) en el momento de
nacer.
Una primera clasificación de los elementos de la existencia se realiza a través de los elementos (fuego, agua, tierra y aire) que simbolizan cada signo o constelación. Empezando por lo más pequeño de lo grande, el estudio de los planetas es el siguiente paso en el proceso de volver consciente (racional) lo que nos es desconocido (irracional).
Una primera clasificación de los elementos de la existencia se realiza a través de los elementos (fuego, agua, tierra y aire) que simbolizan cada signo o constelación. Empezando por lo más pequeño de lo grande, el estudio de los planetas es el siguiente paso en el proceso de volver consciente (racional) lo que nos es desconocido (irracional).
Entre los diez planetas que forman nuestro sistema
solar, organizamos a su vez distintos arquetipos que aplicar a los seres
humanos. A ellos restamos la tierra y sumamos la luna, pues es el
opuesto complementario del sol, que permite a través del agua la vida superior
en la tierra.
Más allá del
sistema solar poco conocemos. Cómo poco conocemos lo que se encuentra en la
profundidad de nuestros mares. No obstante hemos sabido interpretar la creación
del universo en el que nos encontramos, en proceso de creación, desde el Big
Bang (fuego) hasta nuestra
época y lugar.
Pese a no poder demostrarlo empíricamente, el
estudio de lo pequeño nos permite conocer con igual certeza lo que es superior.
No hay más que observar la yema de nuestros dedos, las ondas que se forman al
impactar algo sobre el agua, o el tronco de un árbol por la mitad, para conocer
que todo es ciclo. Todo es círculo, sin principio ni final. Nuestro consciente
sólo ha sido capaz de desarrollar los sentidos para comprender dos dimensiones:
ancho y largo, tiempo y espacio. No obstante, existen infinitas dimensiones más
que ni siquiera imaginamos.
¿Cómo pensar que si existe este universo, no existen otros universos que no somos capaces de percibir? ¿Cómo pensar que estamos solos en este proceso de vida y muerte constante? ¿Cómo pensar que no existe vacío si conocemos lo lleno? ¿Cómo pensar que no existe la no existencia, si conocemos la existencia?
Infinitas palabras nunca podrán explicar lo que no es palabra.
¿Cómo pensar que si existe este universo, no existen otros universos que no somos capaces de percibir? ¿Cómo pensar que estamos solos en este proceso de vida y muerte constante? ¿Cómo pensar que no existe vacío si conocemos lo lleno? ¿Cómo pensar que no existe la no existencia, si conocemos la existencia?
Infinitas palabras nunca podrán explicar lo que no es palabra.





