15 de mayo de 2013

De mil flores he mamado
en las calles más sombrías de Madrid,
mil pétalos de loto,
sin pudor, descuartizados,
con mis quebrados dedos
metafísicamente sin dormir.

Tantos cafés en mi recuerdo
y el cristal opaco no me deja ver
la lluvia corriendo por el asfalto
de las calles más sombrías de Madrid.

Un gordo despeinado va cantando
una copla a ningún amanecer,
las nubes descargan su armonía
en truenos y gotas vírgenes,
que perdieron el porqué.

La pequeña ciudad florece
entre robles de madera y acero,
despojando su suicida sintonía
en charcos que nunca abrieron.

¿Dónde vas solitaria primavera?
si los niños ya dejaron de jugar,
encerrados en sus jaulas y perreras
sin sentir necesidad de lamentar.

No me escuches, te lo ruego,
primavera, pues el cielo me cubre gris,
y olvidé el color de mi ceguera
bajo este sol delgado y vil.

De mil flores he mamado
en las calles más sombrías de Madrid,
y mi esperanza, enterrada en la nevera
congelando las mamadas
que nunca llegué a recibir.