De mil flores he mamado
en las calles más sombrías de Madrid,
mil pétalos de loto,
sin pudor, descuartizados,
con mis quebrados dedos
metafísicamente sin dormir.
Tantos cafés en mi recuerdo
y el cristal opaco no me deja ver
la lluvia corriendo por el asfalto
de las calles más sombrías de Madrid.
Un gordo despeinado va cantando
una copla a ningún amanecer,
las nubes descargan su armonía
en truenos y gotas vírgenes,
que perdieron el porqué.
La pequeña ciudad florece
entre robles de madera y acero,
despojando su suicida sintonía
en charcos que nunca abrieron.
¿Dónde vas solitaria primavera?
si los niños ya dejaron de jugar,
encerrados en sus jaulas y perreras
sin sentir necesidad de lamentar.
No me escuches, te lo ruego,
primavera, pues el cielo me cubre gris,
y olvidé el color de mi ceguera
bajo este sol delgado y vil.
De mil flores he mamado
en las calles más sombrías de Madrid,
y mi esperanza, enterrada en la nevera
congelando las mamadas
que nunca llegué a recibir.