Me entrego a la noche,
decido pasear entre farolas salidas,
cada vez que bailo y subo los brazos,
parece que el viento y mi vientre,
desatan su embrujo en los corazones.
Hoy tampoco me he enamorado,
antes, cuando cumplí los dieciocho,
solía enamorarme cada noche
y cada borrachera, como si fuera el final.
Pero el final nunca llegó, creo,
así que me dedico a beber y a bailar.
Mis amigas hablan de sexo, se pintan
como si fueran malos bocetos picassianos,
se visten, como con prisa por desvertirse.
A mí me gusta enseñar las tetas,
a quién sepa escribir un buen verso.
Mi flor, sólo a quién me haga volar.