25 de mayo de 2013

Sadohumanismo

Veo toda la ternura de la mujer
deslizándose delicada bajo el ojo,
como una lagrima barriendo el rimmel,
tras el estallido de vida de un falo,
como una aberración hacia las madres,
como una desconsideración feroz,
de los abrazos y las nanas y los besos,
como un insulto a la ternura extinguida,
cuando la mujer sonríe por dignidad,
tras haber sido corrida en la cara.

Y lo veo en el video de internet,
y en mi falta de todo al masturbarme,
cuando sólo veo la tristeza en sus ojos,
y entiendo por qué el mundo no funciona,
y entiendo por qué la naturaleza llora,
y entiendo por qué mi mujer llora,
cuando ve al hombre tocándose,
en la corrida desesperada sobre la cara,
de la ternura desterrada en tristeza.

Y me duele el mundo entre mis manos,
y entre mis dedos lo erecto se esconde,
como me escondo yo en el mundo,
por miedo a que se me corran en la cara.

Y la tristeza se aproxima al desconsuelo,
cuando veo la ternura en cada mirada,
e imagino la inútil corrida malgastada,
fruto del absurdo del hombre
sobre la cara de una mujer.