Hacía tiempo que no venías tan fuerte,
soledad interminable, hija de la locura,
me llegaste a mostrar cuatro bellas razones,
con corazones serviles y precisas caricias,
tu embrujo me ocultó el mundo y del mundo,
en tu abrazo el sosiego encontró reposo,
¡Pero qué poco duraste hermosa mía!
Luego trajiste del cielo dos grandes apoyos,
hermanos de sangre, vividores del tiempo,
y nos bebimos las reservas globales de elixir,
el momento se convirió en el único presente,
las mujeres como maravilloso puente,
sin retenciones ni momentos de lucidez,
sólo reposo y comida y exceso, libertinaje,
curioso tren hacia ninguna parte, sin destino,
ni rumbo fijo o variable, hasta que llegó la noche.
Porque la noche era sólo una parte,
no existía el horario para beber hasta caer,
hasta que un manto infinito y profundo,
me enterró en la locura, reflejé mis miedos,
encontré lo sublime y oculto, lo genial compartido,
en dos grandes apoyos caídos del cosmos,
me llevaron hasta la tiniebla más escondida,
pues sólo tras haberla bebido tan cerca,
encontraría las puertas del paraíso.
Y allí me encuentro, perdido en el jardín del edén,
perdido y solo, rodeado de gente bella y viva,
que pasea por las calles como si no fueran capaces
de sentir el hambre del niño sin hogar,
y lo ven y lo sienten, y no se detienen,
ese niño soy yo, esa gente que camina
soy yo, yo soy su asfalto y su no hogar,
¿Por qué me siento tan solo entre tanta belleza?
La pregunta sin respuesta, el amor sin vida,
porque lo amo todo, porque nada me queda sin sentir,
entre mis costillas y mi vientre, en algún lugar de la niñez,
cuando elegí quedarme solo a sentir todo el dolor,
y ahora no sé cómo compartir la hermosura del mundo,
no sé salir a caminar, ni dar refugio al niño sin casa,
no sé mover mis cansadas piernas de esta silla rota,
no sé reír y estar en compañía si no me llevan,
si no vienen los ángeles a rescatarme del abismo,
esos ángeles que son personas como tú y como yo,
que viven en la casa de enfrente o en tu mismo salón,
y salen a la calle a pasear y se enamoran de ti,
o te acompañan en los placeres o en la tristeza,
o se quedan sin hogar y te ofrecen consuelo.
No sé acercarme a los ángeles, y ante su auxilio huyo,
me siento enormemente solo en un mundo hiperpoblado,
con maravillosos mares y gentiles ángeles de la guarda,
yo me siento solo, y solo, sólo se debe sentir el diablo.