1 de julio de 2013

Azul Amarillo

Si la naturaleza lo marca,
si la vida nace del fuego,
sentir, como cada exceso,
atrapa al cuerpo y la mente,
inamovible, congelado,
un pensamiento dentro,
un acto que no se realiza,
una emoción que se escapa,
a los designios del hombre.

Pues hombre reproduce,
reproduce, reproduce, luego piensa,
reproduce de nuevo, mata la idea,
reproduce, reproduce, reproduce,
y quizás antes de dormir,
por un instante, siente.

Y yo, que pienso, pienso, pienso,
luego siento, me masturbo, no pienso,
luego pienso y siento, siento, siento,
siempre equivocado, siempre aislado,
como un ogro en una cueva sin luz,
llena de amor hacia todo menos a mí.

Llega el día en el que reproduzco,
luego pienso y siento, reproduzco de nuevo,
siento, reproduzco, siento, reproduzco, reproduzco,
hasta que pensar se convierte en lastre en desuso,
comienzo a reproducir como cualquier otro hombre,
sin importarme lo que sentirá la mujer que lo observa,
tras una esquina, callada y triste, pues ella piensa y siente,
y siente, y siente y siente, como lo hacía yo,
ambos aislados y errantes, solitarios y muertos.

Y no me siento más hombre al reproducir que al llorar,
porque este mundo gobernado por orangutanes con falo,
desechan a la mujer que siente y le prohíben pensar,
si todos los hombres se dedicasen a pensar y a sentir,
y las mujeres a reproducir, reproducir, reproducir,
los pequeños simios no tendrían más hijos estúpidos,
para continuar su estúpida estirpe de egoísmo inútil,
y el hombre, no se llamaría más hombre,
para llamarse humano.

En esta guerra que lucho contra mí mismo,
he ganado una batalla, pensar está en desuso,
pero reproducir sin sentir, debería ser castigo,
porque entre el miembro de un hombre,
y la vagina de una mujer, está presente el mundo,
y en este mundo de hombres, ya no confío.