4 de julio de 2013

Insomnio

Lejos, más allá de mi ventana,
una sombra prendió una vela y se iluminó la estancia.

Era misterio. Una de las ventanitas de oro de Lorca,
una de las incógnitas que atormentaban el terror del ensueño de Pessoa.

¿Quién anda ahí sin dormir? En seguida lo hago amigo mío, y le pienso triste como yo,
y me digo que tal vez sea una chica, que tal vez ella piense también en el misterio de mi ventanita.

¡Quién tuviera una caña mágica de pescar! Una tan especial que dibujara un hilo de oro en el espacio,
y poder yo ir así como el trapecista de Kafka a visitar su habitación, a darle mis buenas noches.

Es una flor de silencio. Me siento. La siento. Y me pregunto qué sentirá, 
si no duerme porque la vida le parece demasiado, o porque le duelen los pies de tanto trabajo.

¡Tal vez su crío este llorando! Y todo sea un gesto de amor...
Que a pesar de haberse levantado esboza una sonrisa, porque su criatura está viva, 
porque el llanto para ella es tan dulce como la flauta de Orfeo que conmueve hasta la fría piedra.

¡Si! ¡Tal vez sea una Madre! Y esto me hace pensar en la mía...(Yo también esbozo una sonrisa)

La vela sigue prendida. Y las auras de luz agitan mi corazón. ¿Quién será?
¡Tal vez sea una madre! Pero...¿Y si no? 

Puede que sea un anciano, al que le impida el sueño su dolor, y se levante para medicarse,
entonces imagino las sombras en sus ojos, y las imagino tan fuertes hasta que las vivo dentro mío...

Inyecto la aguja en su carne mustia, le acaricio la frente. Él jadea, sin esperanza, casi inerte,
siente que la soledad es más terrible que su fiebre, que el horror no es la enfermedad, sino la muerte,
se cree solo...No sabe que mi alma le vela. 

Ah...Lloro, y no se por qué. Pero esta tristeza me hace tan feliz...Entonces la vela se apaga, 
como un símbolo, como si me contara un secreto al oído la nostalgia.

Pero se vuelve a encender. Era solo un parpadeo, un palidecer, y ahí también veo símbolo.

Vuelvo a tirar la caña, mi hilo de oro, más de oro que el escarabajo de Poe, mi esperanza, 
puerta a cuanto no soy yo, mi espíritu vuelve a volar por la ventana, vuelvo a la imaginación.

(Escribir para mí es un acto de compasión)  

Ahora mi vuelo va más allá. Y mis ojos no lo ven, pero mi ser lo siente.

Incorporo en mí cada luz que hay no solo en esta ciudad, no solo en el presente,
incorporo las de más allá, las de antes, las de siempre, las del cielo que titilan, las que titilarán,
y universalmente yo,  desde fuera, me veo asomado, y veo como mi caña de pescar teje,
teje y teje una constelación de oro que abarca la humanidad...
Y en esta noche, en este momento, dividido entre la infinidad y mi ventana,
quiero quedarme y no puedo, quiero y me quedo eternamente.