28 de julio de 2013

Los gritos en la casa de un niño
dardos para la carne de un alma
la sangre que encharca sus bocas
y que se seca viva en el recuerdo.
El llanto de madre es llanto ahora.
Los gritos en la casa de un niño
que es niño muerto, niño sin morir,
lágrimas que empozan el subsuelo
a ecos de un miedo, a sombra larga.
(Ahora los oye, y no hay consuelo)
Los niños en la casa de un grito,
son rostro memorioso que clama,
desatado, roto, aullando un auxilio,
voces que matan y ojos que clavan
en un no poder convivir al cuerpo.
Tengo un recuerdo muy cerca mío
y no existe luz para poder cogerlo.
Y es duro castigo, muerto anhelo,
una violencia que prende la llama.
-a la vida llego tembloroso y tuerto-
¿Qué fuerzas me robaron la fuerza?
Una sangre palideció la mía.

(Tal vez si tuviera hijos a los que gritar... )