Gracias luna, no te veía,
sumergida entre tus aguas
alcancé a oírte.
Y en ella ví la hermosura,
más allá de la injusticia,
en el mundo que iluminas,
albergas perdón.
Gracias estrella,
por acompañarme hasta ella,
en el sendero oscuro
que fue mi corazón.
No me detuve en tu susurro,
no me rendí a tu caricia,
ocupado en vencer al sol,
contra un mar de tormentas.
Gracias luna, por no faltar nunca,
por consumirte y renacerte,
sin tregua entre los días,
y siempre, siempre,
volver nueva y viva.
Ya no me tiemblan las manos,
mis piernas flotan en tu regazo,
mi pecho se vuelca hacia fuera,
mi cabeza, por fin resucita.
Gracias agua por empaparme,
hasta que no me ví ahogada,
no aprendí a respirar.