3 de julio de 2013

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Pido fuerza para romper estos límites, estas cadenas de sombra que me llevan a la imposibilidad de vivir, anillos saturninos que separan mi cuerpo de los demás haciendo de mí una isla nostálgica por la añoranza de ser tan solo como parece que son ellos. Pido esta fuerza, y cuando llega y rasgo el vestido de la noche y el miedo, ¡Cuanto me arrepiento! Yazco postrado, desnudo, como una masa de carnes liquidas que no han llegado no ya a ser hombre, sino que no han llegado siquiera a coger forma. Muestro toda la ridiculez del alma, abandonado al eco incesante de la risa que resuena desde mí mismo hacia los demás, desde los demás hacía mi mismo, y solo encuentro patetismo.
Siempre me señalé. No me consideré digno de mí. Jugué a ser otro que no era y el que yo era en verdad fue quedando invalido, arrastrado de a poco al olvido, a la degeneración, enclaustrado en mis abismos, fabricando un monstruo que no toma luz, ni aire, ni vida. Han pasado muchos años y no me he alimentado. Tengo miedo por abrir la puerta al engendro descuidado que yo soy, al que me abandoné de niño...Me inundo de un horror frío y lamentable solo con el pensar que hubiera yo de despojarme de la máscara. Llega a tal punto mi repudio por ese niño abandonado que hasta olvidé su nombre. He dejado de escuchar su voz aquí. ¿Soy muerto? Todas mis relaciones humanas son una farsa que enmascaro grotescamente de honestidad. Compenso mis faltas con malabarismos del orgullo, de la astucia, y no estoy cómodo entre ellos porque no estoy, el que está es la mentira del que debería, siempre con la angustia y desesperación por poder ser descubierto. Arrastro un tormento que no cesa. Invariable compañero, me lleva de la mano nutriéndose de lo que debería ser para mí. Si hubo luz, el la tomó. Si hubo paz o dicha, no fueron mías. ¿Era yo el que mojó los pies en el agua? Mis pies se sentían gélidos, ¿Pero mi alma? ¿Qué sentía mi alma? He atrevido a tomar las manos de otras personas, a hablar en nombre del amor, a querer dar lecciones de armonía, yo, el traidor. He dado besos en nombre de otro, y hoy me siento sucio, no creo que haya bien para los demás en mi irremediable estancia.
Si me autorretratase no sabría bien que pintar, el rostro se me descompone en irrealidades hasta tal punto que me cambia la fisionomía, ¿Quién soy? Se que no puedo saberlo. ¿A donde voy? Por seguro que a ningún lugar más que a la muerte. Y esto en cierto sentido me alivia. Todo pasa, hasta la vida. ¿Pero que he hecho yo con la mía? ¿Acaso hice algo yo con ella? Me arrojaron al colegio, me pusieron un número y una manera de serme, me trataron como una cosa, luego me dijeron que era especial...Y pusieron esperanzas en mí. Pero yo no soy especial. No soy ese que esperan. Solo soy un hombre más, un pobre alma en este mundo, y no puedo arrepentirme, pero puedo asegurar que no hay nada que abomine más que haber sido traído aquí, a este grotesco manicomio de caretas.