29 de julio de 2013

Mortuorio

No habrá estatua que conmemore mi muerte,
ni adiós que me brinden cien bellas muchachas;
nunca seré príncipe de ningún reíno habitado,
ni llenarán de flores y coronas a este loco olvidado.

No habitaré en la memoria de dos generaciones,
entre mi herencia sólo encontrarán códigos sin barra;
nunca me rendirán más culto que el de las larvas,
ni sangrarán canciones las amapolas desde mi espalda.

En el río Manzanares nunca llegué a bañarme,
ni en río alguno se perdieron mis ganas;
la cima de la Maliciosa con los primeros pares,
demasiado jóven para volver a escalarla.

No busquen en mi recuerdo marcas de sol,
en mis lunares nunca escondí misericordia;
sólo los altos alquimistas pidieron perdón,
después largos inviernos sin ser memoria.

No lancen mi cuerpo a una fosa sin nombre,
mas en secreto, entréguenme al vasto mar;
allá donde encuentre reposo el horizonte,
en silencio, descúbranme verdadera soledad.

En las vistillas de un largo paisaje de ciudad,
recordaré lo que descendió hasta mi hígado;
no hay encuentro alguno entre el bien y el mal,
si a la tierra entrego lo que no fue consumido.

No pierdan las ganas ni la fuerza en buscarme,
antes de avisar, sin ruído me habré marchado;
no volveré a este vacío y bochornoso lugar,
mientras quede aliento para haberme matado.