12 de agosto de 2013

12/08/13

La pequeña liebre Hava Suruk salió a caminar bajo la luz de la luna. Pronto descubrió que llovía, así que se dejó mojar indiferentemente por una tormenta tropical. Luego salió el sol y había montones de ancianos caminando con bastoncillos de oreja como apoyo para sus turbulentos andares. Al pasar junto a una pescadería, la jóven Hava Suruk continuó andando. De pronto un periódico le cayó del techo de la calle, y en él no leyó nada porque estaba escrito en absurdo y ella no comprendía el absurdo. Al observarla tratando de leer el periódico, Sam Frosti el gusano, se acercó a ella y le mostró un periódico distinto. Hava Saruk tampoco lo pudo entender porque también estaba escrito en absurdo, pero al revés. Un camión que iba muy, muy despacio, pasó también por aquella calle y atropelló mortalmente a Sam Frosti, que ya no era un gusano, sino que se convirtió en una lámina inferior de lasaña. Como buena lámina inferior de lasaña, Sam Frosti se arrastró como pudo a una pizzeria cercana, y mientras subía con dificultad a una mesa para descansar bajo el resto de la lasaña de un gordo comensal, observó cómo Hava Suruk seguía caminando hasta llegar a un desierto. Una vez allí, descubrió que no había agua por ninguna parte. Al pensar en esto le entró sed, así que se sentó en el suelo, como sólo se sientan las liebres y comenzó a rezar. Por allí pasó Machmar Boli, el ornitorrinco, pero continuó andando y se perdió por el horizonte. Entonces comenzó a llover, y en el desierto cayó una tormenta tropical. Llovió y llovió durante varios meses, llovió tanto que el desierto se convirtió en una selva. De repente un día dejó de llover, entonces Hava Suruk dejó de rezar, y como le entró hambre, decidió salir a la calle a dar un paseo bajo la luz de la luna para comer un delicioso plato de lasaña. Entonces un periódico le cayó del suelo del cielo, pero como estaba escrito en absurdo, decidió que nunca más volvería a salir a pasear. Se encerró en su hogar de liebre durante años y años tratando de aprender el idioma absurdo. Un día, cuando la jóven Hava Suruk aprendió todos los términos y conjunciones del lenguaje absurdo, salió a la calle a dar un paseo bajo la luz de la luna. Andó y andó esperando encontrar un periódico, pero el mundo se había acabado, todos los ancianos, gusanos, liebres y lasañas habían muerto. Entonces la pequeña Hava Suruk miró a la luna y comenzó a rezar. No pasó nada. Estuvo rezando durante años y años, hasta que un día apareció Machmar Boli el ornitorrinco y continuó andando hasta perderse por el horizonte. Entonces Hava Suruk dejó de rezar y comenzaron a caer pequeñas crías de ornitorrinco por todo el planeta. Hava Suruk se convirtió en el ídolo religioso de todos aquellos ornitorrincos. Entonces los pequeños mamíferos crearon varios periódicos en el idioma que la pequeña liebre Hava Suruk les enseñó. Un caluroso día de verano, Machmar Boli pasó por allí. Le cayó un periódico del techo del cielo. No comprendió nada. Los pequeños ornitorrincos, al ver la incomprensión de su semejante, lo delataron y entregaron a Hava Suruk. La pequeña liebre se comió al ornitorrinco y desde entonces todo el mundo comprendió el idioma absurdo, amaron felizmente los periódicos y veneraron a su creadora y guardiana, la liebre Hava Suruk.